Breve historia de la fotografía

Aunque podemos rastrear los antecedentes fotográficos en un amplio conjunto de espectáculos visuales basados en ingenios ópticos, tales como los cosmoramas, dioramas, linterna mágica, fantasmagorías, mundonuevos, etc., puestos de moda en el s. XVIII, lo que nos interesa es centrarnos en el invento fotográfico en sí. Se puede atribuirla por igual a Nicephore Niépce y Louis Jacques Mandé Daguerre. Nièpce, en 1826, obtendría la primera fotografía, la célebre Vista desde la ventana, y Daguerre, en 1837, conseguiría un autorretrato. Las primeras fotografías en España se hicieron el 10 de noviembre de 1839, una toma en Barcelona tipo un daguerrotipo, y ocho días después se hará otro en Madrid, extendiéndose después como una mancha el invento por la península e islas en poco más de dos o tres años.

Desde sus inicios la fotografía fue transgresora, moderna; se sabía lo que no era, pero era difícil decir qué era en realidad. No era un sustituto de la pintura, tampoco era copia fiel de la realidad, era difícil de catalogar.

Si bien los pioneros de la daguerrotipia en España fueron científicos de talante progresista espoleados por la curiosidad, este arte será introducido en la península por operadores profesionales extranjeros como Charles Clifford, Eugenio y Enrique Lorichon -entre los más destacados-, que a la par que fotografiaban enseñaban, en cursillos acelerados, los rudimentos técnicos a una pléyade de discípulos, los cuales acabarían por afianzar y difundir el revolucionario invento a todo lo largo y ancho del territorio.

Estos fotógrafos transeúntes serán los profesionales responsables de generar fotógrafos locales debido a enseñar el oficio en pocas clases, vendiendo además el material necesario: cámaras, trípodes, placas, y productos de fijado y revelado, y nutriéndose su clientela mayoritariamente de pintores miniaturistas, que ven en el nuevo arte un fabuloso negocio.

El punto más débil del daguerrotipo era la imposibilidad de sacar copias, por lo que se producen innovaciones técnicas que permitirán la copia de una placa original, destacando el calotipo o talbotipo, procedimiento que posibilitaba multiplicar las imágenes partiendo de un negativo de papel, lo que implementó enormemente la industria fotográfica e inauguró el verdadero futuro de este arte: la obtención de millares de copias de una sola toma. Igualmente en el decenio de 1850, se daría un paso más en la modernización fotográfica: las placas de cristal utilizadas serían sensibilizadas con colodión, lo que equivalía a reducir el tiempo de exposición a sólo dos segundos, ofreciendo las imágenes un resultado espectacular por su gran nitidez. Finalizando dicha década, el procedimiento denominado del colodión seco finiquitaría con el engorro que suponía el hecho de tener que sensibilizar la placa pocos minutos antes del disparo fotográfico, pues las placas podían almacenarse durante meses, estando disponibles en cualquier momento. El ahorro de tiempo y  la comodidad para el profesional eran algo evidente.

Se construyen cámaras con obturadores mecánicos capaces de conseguir exposiciones de 1/1.000 de segundo, quedando arrinconada y periclitada la práctica de retirar la tapa del objetivo y controlar manualmente -a ojo de buen cubero- las exposiciones, pudiendo asimismo manejar los operadores las cámaras a pulso al ser las exposiciones instantáneas, conduciendo todo ello a liberar de ataduras y de corsés a la fotografía. Y en 1884 se fabrican los objetivos anagtismáticos, que evitarán ciertas deformaciones de la imagen en las esquinas, ofreciendo una imagen de gran nitidez.

Pero la revolución llega en 1888 con el invento de la cámara Kodak: una pequeña cámara -en puridad un cajón- provista de un objetivo capaz de fotografiar sin enfocar previamente cualquier objeto situado a una distancia superior a tres metros. Al accionar el resorte mecánico del obturador, la luz pasaba hasta impresionar una pequeña parte de un rollo de papel -preparado químicamente en laboratorio- que posibilitaba hasta cien exposiciones, y muy pronto se transformó en película por el propio inventor Eastman. Las cámaras de bolsillo de 9 x 12 cms. proliferaron a partir de entonces y favorecieron la aparición del fotógrafo aficionado.

Los operadores aficionados fotografiaron con cierta habituad sin buscar jamás móvil económico alguno, lo que aparejará el poder moverse con entera libertad por el terreno fotográfico, permitiéndose el lujo de aventurarse en zonas inexploradas, pues no estaban sometidos a los dictados de una clientela, por ello la frescura abunda en la obra de los amateurs. Ahora, dedicarse a la fotografía implicaba un nivel de gastos que sólo podía permitirse la burguesía.

Después de la Gran Guerra, la fotografía se ha introducido totalmente en la vida cotidiana, se produce un declive de los estudios profesionales, acosados por los aficionados, que pululan cada vez más debido al abaratamiento imparable de los equipos. La prensa ya es difícil entenderla sin fotografías, y la tarjeta postal ilustrada, nacida en el canto del cisne del s. XIX, se ha consagrado como un medio comunicativo.

Se logró poner en un cajón a esas imágenes que la química transformaba de invisibles en reales y catalogarlas como documentales, publicitarias, prensa, retratos, paisajes, de autor, etc. Todo muy realista y reconocible.

A finales del siglo XX aparece un nuevo tipo de tecnología en los medios audiovisuales que supone un cambio de rumbo en la forma de utilizarlos. La aparición de la primera cámara digital en 1990 constituye la base de la creación inmediata de imágenes. En lo profundo la fotografía no cambió desde que empezó la era digital, nunca ha sido un retrato fiel de la realidad, y el que espera eso de una fotografía es porque no entiende que una imagen de haluros de plata o de pixeles es en el fondo lo mismo: maneras diferentes de obtener imágenes. La realidad no existe, el ojo del fotógrafo es quien decide la internacionalidad de las imágenes.