El sistema hidráulico de Santa Catalina del Monte

Oct 28, 2017 | Artículos

El sistema hidráulico de Santa Catalina del monte

El misterio subterráneo de Santa Catalina del Monte

A escasos minutos de la ciudad de Murcia, las entrañas del Parque Regional del Valle y Carrascoy custodian un patrimonio histórico de valor incalculable, estrechamente vinculado a la supervivencia y el desarrollo de la capital regional durante el siglo pasado. El paraje de Santa Catalina del Monte alberga un fascinante conjunto hidráulico subterráneo cuyas raíces se hunden en el siglo XVI y en la propia prehistoria de la zona del Verdolay. A través del agua, protagonista indiscutible de esta trama, se teje una crónica de epidemias, ingeniería decimonónica y misterios sepultados por el tiempo que la investigación actual ha logrado devolver a la luz.

El convento de Santa Catalina del Monte en 2017

Los orígenes milenarios del acuífero y el secreto de los frailes

El manantial original de Santa Catalina del Monte ha servido de sustento a las diversas culturas que poblaron el paraje del Verdolay desde tiempos remotos. Esta surgencia natural, alimentada por el acuífero situado bajo el actual Castillo de la Luz, fue aprovechada siglos más tarde por la Congregación de Frailes del convento colindante. Los religiosos alumbraron las aguas mediante la construcción de una compleja galería drenante y depósitos subterráneos situados a gran profundidad bajo el cerro.

La documentación de finales del siglo XVI ya reflejaba la agitación en la zona debido al presunto hallazgo de un tesoro arqueológico en las inmediaciones del convento, cuyas excavaciones ilegales llegaron a mermar el caudal de la fuente original. Posteriormente, en el año 1771, los anales registran importantes obras de mejora en el cerro para garantizar el suministro del complejo religioso, configurando el núcleo de lo que hoy se conoce como el sistema hidráulico subterráneo de la Luz.

Umbral a la penumbra

Muestra de la inestabilidad de las estructuras y al riesgo real de derrumbes

La crisis del cólera de 1885 y la Sociedad de Aguas Potables

El verdadero punto de inflexión histórico para este entorno subterráneo llegó a finales del siglo XIX. La ciudad de Murcia y toda el área de su huerta sufrieron virulentas epidemias de cólera que diezmaron gravemente a la población. Ante la evidencia de que las aguas contaminadas constituían el principal foco de infección, el Ayuntamiento de Murcia convocó en 1885 un concurso público con el fin de dotar a la urbe de un sistema seguro de agua potable.

La propuesta ganadora fue presentada por el industrial Antonio Hernández Crespo, quien proyectó abastecer a la ciudad mediante la explotación sistemática del acuífero de Santa Catalina del Monte, fundando para tal fin la Sociedad de Aguas Potables de Santa Catalina del Monte.

Las obras canalizaron el recurso desde el entorno del convento hasta el casco urbano a través de la carretera de Santa Catalina, inaugurando la primera fuente de abastecimiento público en los alrededores de la Iglesia del Carmen, para luego extenderse a otras plazas de la ciudad. Sin embargo, el éxito fue efímero debido a la sobreexplotación del acuífero para riegos e industrias, lo que redujo el caudal diario a apenas cien metros cúbicos y desató un grave conflicto contractual con el consistorio, forzando nuevas excavaciones mineras en todo el monte para intentar recuperar el flujo de agua de boca.

Cicatrices del tiempo - los antiguos raíles de las vagonetas de extracción

Los antiguos raíles de las vagonetas de extracción

La estructura del complejo hidráulico

Tras años de olvido y la pérdida de su ubicación exacta debido al paso del tiempo, el investigador Pablo Jiménez logró localizar y documentar minuciosamente este intrincado laberinto subacuático. Las investigaciones confirman que el complejo consta de tres niveles claramente diferenciados que reflejan los distintos usos de la galería a lo largo de la historia.

El primer nivel corresponde a la explotación puramente minera y de la Sociedad de Aguas Potables, un sector donde todavía se aprecian los antiguos raíles de las vagonetas de extracción y que permitía un acceso exterior independiente sin necesidad de solicitar permiso a la congregación de frailes.

Al descender al segundo nivel se accede directamente a la red hídrica, caracterizada por una densa superposición de tuberías de diferentes épocas y por la galería drenante original que conducía el agua al convento, actualmente colapsada en algunos tramos por edificaciones modernas en la superficie de la ladera. En esta misma altura se ubican dos impresionantes depósitos subterráneos con cubiertas en bóveda de cañón.

Finalmente, unas escaleras conducen a un tercer nivel que permanece completamente inundado, lo que impide por el momento determinar si existen más galerías ocultas bajo el agua.

El agua estancada y el reflejo en la zona inundada del tercer nivel

El agua estancada y el reflejo en la zona inundada del tercer nivel

La expedición a las profundidades de la historia murciana

La incursión moderna en este entorno requiere de estrictos protocolos de seguridad debido a la inestabilidad de las estructuras y al riesgo real de derrumbes. El recorrido de exploración, documentado visualmente por el fotógrafo y espeleólogo Jerome van Passel, comienza a través de un acceso sumamente angosto que obliga a avanzar a gatas durante los primeros metros.

En el interior de la estrecha galería de doscientos metros de longitud, la atmósfera cambia drásticamente debido a la intensa humedad y a la total oscuridad, interrumpida únicamente por linternas de alta potencia. El trazado, que apenas supera el metro y setenta centímetros de altura en varios puntos, conserva los raíles mineros y muestra zonas críticas donde la acumulación de arena y piedras evidencia pequeños colapsos previos que exigen un paso rápido y cauteloso.

Tras superar la zona más angosta, el techo gana altura al aproximarse a la sala principal, una imponente estancia situada a cincuenta metros bajo tierra donde se localiza la cúpula de distribución en perfecto estado, lugar donde se instalaban las bombas de extracción que impulsaban el agua hacia la ladera del cerro para dirigirla por gravedad a Murcia.

La catedral del agua

Gran perspectiva de la sala principal

Desde allí, el descenso de otros diez metros por una deteriorada escalinata conduce al sector inferior inundado. En este punto, a sesenta metros de profundidad total, el agua cubre el suelo pero permite admirar los dos gigantescos depósitos abovedados de quince y veinte metros de largo. La conservación de estas estructuras dantescas constituye un asombroso testimonio de la ingeniería del pasado que, gracias a la investigación científica, vuelve a formar parte de la memoria viva de la Región de Murcia.

Documental “El sistema hidráulico de Santa Catalina del Monte”

Vídeo descriptivo sobre un ejemplo histórico de aprovechamiento hidráulico en una zona semiárida. El documento audiovisual completo de Valentín Sarabia se puede disfrutar en YouTube (¡haz clic aquí!).

Ver el video en Youtube: El sistema hidráulico de Santa Catalina del Monte

Más información:

Articulo de Pablo Giménez Águila – Universidad de Murcia: revistas.um.es
La galería de fotografías

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